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SMOKING, DRINKING, NEVER FORGET PAINTING…

Night club
180 x 180 cm - 2000


Los que descubren las obras recientes de Octavio Blasi se sentirán probablemente sorprendidos y desamparados ante lo que podría aparecer como una ruptura. Sin embargo, se insertan en la lógica de una obra que se caracteriza por su versatilidad. No es una situación fácil, ya que en términos de mercado la versatilidad no permite estandarizar el producto. Pero corresponde a una obra que tiene mucho de confrontación, hasta diría de conversación con el mundo, con el arte, sus modalidades y su toma de posición. Conversación como en esos muebles en los que uno se enfrenta, al mismo tiempo, con la paradoja de la proximidad y de la separación; una intimidad distanciada, en cierto modo. Así es como Octavio Blasi se posiciona frente a las cosas, atento pero con un dejo de indolencia, sensible pero sabiendo guardar sus distancias. No es un azar si la ironía, el humor y una pizca de desencanto acompañan su pintura. Aunque ello no le impide entregarse a fondo.

Lo imagino murmurando la pintura mientras la realiza, un poco como Glen Gould cantoneando las variaciones Golberg mientras las interpreta. En cierto modo practica la variación, al estilo de la tradición barroca en la que los temas se modulan e interpretan en series que despliegan conjugaciones, metamorfosis, amalgamas y otros híbridos. En su pintura hay algo del ensayo (con un eco en Montaigne): pone a prueba los lenguajes picturales para interrogarse sobre su manera de ser y representar, de estar ligado y desligado del mundo. Un mundo que ya es una ficción al desdoblarse y desmultiplicarse.

Blasi deambula en los arcanos de lo real y de su representación. Encaminándose en la pintura, era natural que se encontrara con la abstracción y sus figuras. Sin estados de ánimo, se enfrentó a ella para observar lo que podía aportarle a la imagen. Porque es del lado de la imagen que Blasi se sitúa y es desde allí que aborda la abstracción, con la preocupación de aprovechar sus potencialidades ficcionales. Se trata entonces de figurar la abstracción, de practicarla en sentido figurado: conciliar su reivindicación de separarse del mundo con la reivindicación de la imagen, que es absorverlo. Se trata de dar a los colores, las formas y las líneas la cualidad de estar presentes por sí mismos (lo autoreferencial), una cualidad de producción (el artefacto) y de reproducción (el indicante).

Una de las características de la escena pictural actual es la de privilegiar los puentes, los pasajes de un campo a otro. Algunos pintores, y no entre los menos conocidos, practicaron esos desplazamientos contradiciendo así las fronteras establecidas. Peter Stampfli, hipertrofiando un fragmento de objeto (un pneumático), lo geometriza hasta abstraerlo de su estatuto de objeto, aunque éste continúa siendo la matriz de sus composiciones geométricas, cuya gama colorida reivindica claramente su "naturaleza" industrial. Es interesante reflexionar sobre el recorrido de este artista del Pop Art y la figuración hacia esta forma de abstracción en relación con las pinturas recientes de Octavio Blasi. A través de sus títulos, Peter Halley inscribe sus composiciones en un contexto social que los empapa de realidad. El sustrato social de su geometría se ve acentuado por la artificialidad claramente anunciada de sus colores.

Si evoco a estos dos artistas es porque Octavio Blasi elige precisamente su objeto y su vocabulario. Las evocaciones que pueden sucitar sus pinturas, los diálogos que éstas entablan están delimitados por una tradición geométrica latinoamericana que va de Torres García al movimiento Madi, el Op'art, el Hard edge, pero también el Pop o la figuración narrativa. Porque practica la mezcla de géneros y no la dispersíon. Sus pinturas llevan en ellas la marca del tiempo presente y sus huellas en las cosas. Se asemejan a un mundo habitado por códigos de barras, neones, imágenes virtuales. Adiós Hopper, adiós la nostalgia del mundo, bienvenido el artificio, lo sintético, los productos de substitución. En una época de naturaleza polimerizada, de vida virtual, de música tecno y de fiestas raves, la abstracción es uno de los decorados de nuestra vida. Así Nigth-club, en la que, sobre un fondo de una geometría austera, líneas flúo y formas color vinílico dirigen la danza. Con un dandismo indolente, Octavio Blasi pinta los artificios de la pintura como los del mundo. Sus pinturas tienen los colores y guardan los ecos del mundo. Y, como dice la canción : smoking, drinking, never forget painting...

Phlippe Cyroulnik